martes, 26 de febrero de 2008

Mi primo P

Creo que es la persona más loca que conozco. Cuando era bebé lloró tres días seguidos. No había forma de calmarlo, creían que eran cólicos terribles, hasta que descubrieron que había solo una razón por la que lloraba así: tenía hambre. Desde chico, lo comenzaron a medicar con luminaletas, un sedante no natural, y después le costaba dormir y se hacía pis en la cama.
Me lleva 9 años, así que mis primeros recuerdos de él son de cuando era adolescente. Años 80, él vivía en Viedma, pero nos sacaba años luz en muchísimas cosas. Nos hizo ver The Wall, nos hizo escuchar The Clash, The Cure, Sumo.
A P le quedaba chico Viedma y se vino a Buenos Aires. Paró en casa, dijo que venía a terminar el secundario, pero enseguida descubrimos que al cuaderno -siempre el mismo-solo lo sacaba de paseo. Mi papá se puso loco. Le consiguieron entonces un trabajo, pero lo abandonó apenas llegó Semana Santa y quiso irse para Las Grutas con amigos. No necesitaba trabajar igual, era muy lindo, y siempre había una chica dispuesta a pagarle los gustos. Casi todas mis amigas estaban enamoradas de él, y cuando se bañaba lo espiábamos por el cerrojo de la puerta.
Por las tardes, se subía a nuestro techo, el que está pintado con brea, para fumar y meditar. Un día, cuando yo tenía 12 o 13 años y estaba fascinada con Pergolini, nos tomamos un taxi en la puerta y nos fuimos a ver La TV Ataca en vivo en el viejo canal 9.
Finalmente mi papá se hartó de él, y lo mandó a volar. Se instaló en un departamento de la familia en Villa Celina. Al poco tiempo lo fuimos a visitar, las paredes estaban escritas con aerosol a lo Charly García, tenía pintada una gran hoja de marihuana en una de las puertas y las luces tapadas con pañuelos o remeras rojas.
P boyó de acá para allá, sin profesión ni trabajo fijo, tocando la guitarra y siempre escuchando música nueva. Nos traía discos que "sí o sí" teníamos que escuchar. Nos hizo conocer Nirvana, nos hizo escuchar a David Bowie.
Él no creía en la propiedad privada, era capaz de quedarse en cuero y prestarte la remera que estaba usando si se la pedías, pero de la misma forma abría tu placard y te agarraba lo que fuese, incluso te podía estrenar algo que recién te habías comprado.
Me acuerdo de una vez que nos llevó a conocer un departamento que iba a alquilar con unos amigos: era una pajarera que se caía a pedazos, nunca en mi vida vi alto tan inhabitable. Quedaba como en el último piso de esos edificios con cúpula de avenida de Mayo. El ascensor por supuesto no llegaba. Tenías que subir por una escalerita de madera, abrir una puerta en el piso y entrar. El parquet estaba todo levantado, el baño y la cocina derruidos, había que gastar como quince mil dólares para poner la pajarera en condiciones. Eso sí, tenía una vista increíble. Y ése era el único detalle que a P parecía importarle.
Un día, Buenos Aires le quedó chico, dijo que se iba a Europa con un amigo, nadie creyó que duraría mucho. Efectivamente, no duró mucho. Volvió a los meses luego de pasar una temporada en Ibiza descontrolando. Pero tampoco duró mucho acá y se volvió a ir. Trabajó en los viñedos de Suiza y como croupier en un casino de las afueras de Barcelona. Conoció a una chica, una catalana, y tuvo un hijo. Hace poco, vino de visita, después de varios años de no pisar la Argentina. Lo vimos como siempre, nervioso, irritable, generoso, histérico, divertido. Una noche salimos Rodrigo, yo, él y su mujer a tomar algo por San Telmo. Bajamos del taxi y en cinco minutos consiguió cocaína. Igual lo que de verdad quería, lo que de verdad necesitaba no lo podía conseguir acá. Entonces se lo hizo traer de España. Un amigo le mandó por correo algo de metadona. Entonces si pudo estar un poco más tranquilo, aunque sea por unos días.

2 comentarios:

Vero dijo...

Viste que el que curte la tiene re clara en ese aspecto, vaya donde vaya, esté con quien esté, al toque consigue.
Siempre me llamó la atención eso. Un tema de buen ojo, no se.
Claro, metadona, heroína, supongo que por lo cara debe ser como medio imposible de conseguir así nomas. Ahora, por correo? que loco no.

Desirée dijo...

Me hace acordar a un personaje que conozco hace mucho y es entrañable. También es oriundo de un pueblo del gran Buenos Aires que le quedó chico, entonces vino a Capital, pare después emigrar a España y ahora resulta que está en la India. Pasó por miles de puestos: contables, administrativos, de cadete, bibliotecario, hasta gerente de hotel! Y hoy dice que quiere dejar las posesiones materiales y se dedica a vener artesanías en...la playa. Un personaje mágico, único.