martes, 15 de julio de 2014

hoy


le digo a r que la gran diferencia entre nosotros es que él tiene una sensibilidad micro y yo una macro.

a él lo emociona lo de todos los días, lo mínimo, lo cotidiano. a mí los grandes acontecimientos.

¿será por eso que nos complementamos? ¿será por eso que seguimos juntos?

es una hipótesis.

viernes, 23 de noviembre de 2012

En terapia

La conclusión de mi primera sesión: en mi vida reina el caos, siempre lo hizo. No hay una sola decisión que haya pensado, madurado, no hay un plan.

Hace 10 años una compañera de TEA ya me había sacado la ficha sin que le tuviera que pagar 250 pesos. Tenía que escribir un perfil sobre mí y en una parte me describió con palabras de Cerati -"te comportas de acuerdo con lo que te dicta cada momento"- aunque tuvo la delicadeza de obviar la segunda parte, no menos cierta -"y eso no es algo heroico, es más bien algo enfermo".

miércoles, 10 de octubre de 2012

Retórica

Estos últimos días, unos días muy charlados.

El sábado, después de tenis, un programa que se nos está haciendo rutina, N y A vinieron a comer algo a casa. Pasamos por Carrefour, compramos queso, salame y papas fritas, unas cervezas, unos vinos y después pedimos una napolitana en Kentucky. Nos pasamos las cinco horas siguientes hablando sin parar, pero sin ansiedad, sin taparnos, sin gritar (algo bastante común en reuniones con otros amigos), cada uno  a su turno: una charla que solo se me ocurre calificar como adulta (no encuentro un adjetivo mejor). Íbamos como agotando tópicos: religión (“la necesidad de abrigarse en un Dios”), Lamborghini, las lecturas y escritores paralizantes, lo difícil de elegir colegios, lo difícil de renunciar a un trabajo, nuestros ataques de pánico, los consumos excesivos, etc, etc. En algún momento pensé que si alguien grababa la conversación textual salía una obra de teatro –adulto-, de mediano éxito, con Morán y Garzón como protagonistas. A las 2 y media de la mañana ya estábamos durmiendo.

Domingo y lunes los pasamos en el country, haciendo vida familiar intensa, por cumpleaños de mi hermana. Hay familias felices que se parecen, hay familias infelices, hay familias que expulsan a sus miembros y otras, como la mía, que los atraen: de fuerza centrípeta. El centro es mi madre, la Reina Madre.

En los días de familia, las sobremesas son de horas, al mediodía se está pensando qué se come a la tarde y a la tarde qué a la noche (y que hay que ir hasta Tristán Suarez a comprar más vinos y cervezas). En el living hay una nena de 7 años cargando a upa a un bebé,  otro bebé gateando con los pantalones mugrientos, un tío treinteañero  y su sobrina pre-adolescente –los dos con ponys- jugando a la play sobre una mesa de café, más niñas actualizando sus estados en sus teléfonos. Mucha gente junta.

El tópico de este mediodía de feriado fue, de nuevo, la escritura. Mi padre me apuró: vos escribís cuentos? (o también: vos escribís en serio?) Y me reprochó que perdiera tiempo en las boludeces de twitter y facebook. Yo le recordé que él había querido dejar de trabajar joven para dedicarse a escribir y al final no lo había hecho (escribir, dejar de trabajar joven sí).

Más tarde la mayoría se fue a dormir la siesta, incluso los bebés, y yo me fui a dar una vuelta en patines, esquivando los sapos aplastados en el pavimento mojado.

sábado, 25 de agosto de 2012

34

Los empecé como quería: comiendo rico, con una cerveza. Caminando por Riobamba contra el frío y el viento, salticando (hace cuanto que no?) de a metros y frotándonos las manos para entrar en calor. Con mis hijas, que me regalaron chocolates y cartas. Una película malísima de Rob Lowe en la tele y a dormir temprano. "Sos muy joven para ser tan vieja", me dice R. No me preocupa: la verdad es que me sienta.

sábado, 4 de agosto de 2012

Viajes

De lo mejor de cualquier viaje: llegar a una ciudad nueva de noche, tirar las mochilas y bolsos en el hotel y preguntarle al conserje por un buen bar donde ir a tomar una cerveza.

sábado, 21 de abril de 2012

bob

I don´t wanna wait in vain for your love

miércoles, 18 de abril de 2012

Día raro

Tomé como cinco subtes de tres líneas diferentes, escribí una nota en media hora, discutí con mi hija por whatsaap y más hacia la tarde doné mi cara por dos horas a un conclave de cosmiatras fetichistas del punto negro. Terminé el día lesionándome el cuadriceps derecho durante mi segunda clase de baile freestyle.
"Me encantan las chicas que no se depilan las cejas", me piropearon hoy. Y no fue un chico.

sábado, 2 de julio de 2011

chau

se acabo lo que se daba acá. me fui a este otro lado. síganme los buenos!


miércoles, 1 de junio de 2011

Renata, 6 años

una vez, en un cumpleaños infantil o algo, rodrigo dijo "cómo crecen los chicos, eh, como los árboles". pensando que había dicho una boludez de compromiso un amigo y yo le preguntamos al mismo tiempo, "a ver. ¿y cómo crecen los árboles". y él contestó: "sin que uno se de cuenta".

y me quedó.

lunes, 30 de mayo de 2011

hace mucho

teníamos dos casettes, uno de tina turner y otro de rod steward con todos los hits. la ruta 2 todavía era mano y contramano y mi papá prefería viajar de noche y cruzar mar del plata por atrás para ahorrarse tiempo. nosotros le rogábamos entrar por la costanera para ver enseguida el mar, el casino, las luces y la gente. a veces nos decía que sí.

martes, 26 de abril de 2011

Coqueterías

Adoro y recomiendo fervientemente el nuevo blog de Bety

lunes, 18 de abril de 2011

mi gorda

Solo como recordatorio: Renata aprendió a leer

sus primeras palabras (ayer):

-ERROR
-PERFIL

La primera la leyó en una página de Cuevana. La segunda en la tapa del diario del domingo.

Yo salté, aplaudí y lloré, como cuando empezó a caminar. ahhh.

lunes, 11 de abril de 2011

la ventanita

Cuando yo era chica, la puerta de mi casa de virrey liniers tenía una especie de ventanita con vidrio esmerilado todo a lo largo. Mi mamá la dejaba abierta porque con 5 hijos y 20 amigos de hijos entrando y saliendo todo el día, era la mejor opción. Había que estirar la mano, meter un poco el hombro y abrir el picaporte del lado de adentro.

Por esa época, el portón del garage se abría soplándolo. Todas las trabas funcionaban mal y de noche mi papá apoyaba el 505 contra la madera para mantenerlo cerrado.

El método de la ventanita vaivén funcionó hasta el 95. Ese invierno, cuatro tipos armados y con camperas de cuero entraron a casa un sábado cuando todos estabamos durmiendo.

A los pocos días, mis papás compraron puertas blindadas para la entrada y el garage. Hubo que empezar a tocar el portero y a esperar que abrieran. Como alternativa, a veces nos metíamos por la ventana del living. Siempre estaba semi-abierta durante el día.

Hace poco volvieron a meterse en Virrey Liniers. Dos pibes que buscaban a "un narco" y que se equivocaron de dirección. Antes de irse le recomendaron a mi mamá "señora, debería tener siempre la puerta cerrada". Desde entonces, entrar y salir es un trámite tedioso. Nadie encuentra la llave, hay otras 10 colgadas en el llavero que no son, es como el cofre de la felicidad pero más largo y sin ningún premio al final (y cuando finalmente lo lográs se te queda el picaporte en la mano).

En la puerta además hay un escalón y un pequeño cantero, al que mi mamá insiste en ponerle florcitas desde hace 25 años, cuando se mudó a esa casa. En alguna época duraban bastante, hoy se las roban al otro día que las planta. Y se las pillan. Y se tiran a dormir en la entrada.

Ahora que nos fuimos casi todos (mi papá hace mucho, depués mi hermana, yo, mi hermano, sólo quedan los mellizos), se le metió la idea de poner una reja antes de la puerta, "una de esas modernas, no tan reja, más como una malla metálica". No quiero imaginarme lo que podemos llegar a tardar para entrar o salir si no la convencemos de que es una mala idea.

Extraño nuestra ventanita.

sábado, 9 de abril de 2011

un camino posible: de la voracidad a la mesura
nos vamos poniendo impunes

miércoles, 6 de abril de 2011

mil nueve noventa y cinco



de pronto, se me dio por desempolvar viejos tiempos
no es que las busque tampoco
la foto anterior la encontré en la biblioteca el otro día
adentro del Martín Fierro
esta estaba adentro de un cajón
vino Rodrigo y me pregunto: ¿la tiro?
tengo fotos repartidas por toda la casa: muchas arruinadas, quemadas, pintadas

esta debe ser verano del ´95
o por ahí
observad la moda: el alto de la pollera, el ombligo al aire, el infaltable saquito negro
ese verano batimos récord
salimos desde el 31 de diciembre hasta el 15 de febrero
47 noches seguidas

mi papá se ponía loco
¿todas las noches tienen que salir?
decía que éramos figuritas repetidas
y que cuando uno crece no se acuerda de nada
que todas las noches pasadas en bares parecen una sola
que era casi imposible distinguirlas
"no se van a acordar de todo esto", refunfuñaba

nos suplicaba que nos levantáramos temprano
que no fuéramos a la playa solo a dormir la siesta
o a mojarnos los pies
que nos metiéramos al mar de verdad!
por horas
Todas las cosas que él le parecían importantes

Una vez se hartó y me prohibió salir
Era febrero y Chili ya se había vuelto a buenos aires
“no te vas a morir por quedarte una noche en casa con nosotros”
pero yo sí: papá me puedo morir. No me puedo perder todo lo que puede pasar esta noche. es cruel, es injusto, no tiene sentido.

Alquilábamos una casa fuera de la ciudad,
en una calle de tierra, cerca del vivero.
Después de comer me puse el piyama. Esperé a que todos se durmieran y salí lo más silenciosa que pude. Un paredón bordeaba el jardín y al lado había un descampado con yuyos altos: los crucé a ambos y me cambié en el camino.

No me acuerdo quién nos sacó esta foto
O a quién estoy retando
Es a la salida de La cantina, sí
Las primeras borracheras
Con toc-tocs en la barra
En un momento de la noche, siempre sonaba un disco de Santana
De eso estoy segura

Yo tenía 16 años y salía con un tipo de 33 al que le decían el “Gusano”
Chili tenía 15 y salía con su amigo al que decían el “Tigre”
Dos surfers de Miramar

En serio: no me acuerdo de mucho más

martes, 5 de abril de 2011



algunas cosas duran
los hoyuelos
las encías
los ojos llorosos?
lo despeinada
el color naranja como color favorito

domingo, 3 de abril de 2011

sexi


marco pierre white. the devil in the kitchen.

jueves, 31 de marzo de 2011

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Me molesta mucho la gente que no se orienta espacialmente.
Tengo amigas que hoy -a los 32 años- las parás en Corrientes y Callao y les preguntás para dónde queda Las Heras y no tienen idea. No estoy exagerando. A veces intento pensar cómo seria si fuera como ellas, si me faltara esa clase de información y me da un poco de vértigo.
Yo me siento basante orgullosa de saber cómo ir a casi cualquier lugar de capital y de tener cierta noción del conurbano: dónde queda guernica, cómo ir hasta berazategui, entre qué y qué queda temperley o burzaco. Domino mucho más el sur que el norte y del oeste, algo.
Igual tengo una forma rara de moverme. No me gustan los mapas, ni tener guía T encima, ni mucho menos consultarle a la gente en la calle: soy como mi papá (¿o todos los papás?) en eso. Me alcanza con saber qué es "lo que me acerca".
Con tal de no preguntar, me bajo dos paradas antes, me paso diez cuadras o me quedo en el colectivo hasta que me dicen "acá termina el recorrido" porque me tomé cualquier ramal (no te domino los ramales). El otro día, yendo de San Martín a Chacarita, me bajé 10 cuadras antes porque "sentí" que ya estabamos llegando. Error: tuve que bordear todo el cementario hasta meterme en la boca del subte. Todos estos percances se resolverían con un simple, "disculpe señor, ¿falta mucho para Lacroze?". Lo sé. Pero no es timidez, es paja. es yo me arreglo sola.
Cuando viajamos a alguna ciudad nuevo, hago paneo, tomo algunas referencias (a ver, dónde está el agua) y estoy segura de que voy a llegar a cualquier lugar que me proponga. Me fastidia enormemente cuando R saca el mapa, me irrita. No quiero ver donde se cruzan tal y tal calle, no quiero saber cuántas cuadras exactas faltan, sólo quiero caminar. La última vez, en Nueva York, quería encontrar el lugar frente al Queensboro donde Woody Allen y Diane Keaton se sientan en Manhattan. "¿Cuántas cuadras son?", me preguntaba R. "Es acá cerca, unas cinco". A las cinco cuadras, otra vez, "¿dónde queda este lugar?", "por acá cerca". Y después "falta poco", "ya casi", "no puede estar mucho más lejos". "¿Por qué no te fijás bien en el mapa", de nuevo él.
Las cinco cuadras fueron como quince largas. R me odió, soltó la mochila, se acostó en un banco con los pies para arriba y me siguió odiando toda la tarde.

Mater qué me hiciste

En el combo vengo yo y 40% de culpa católica